viernes, 30 de agosto de 2013

CÓMO ANUNCIAR LAS VIRTUDES DE JESUCRISTO (II PARTE)

3. Tener una mente edificada con la Verdad, limpia conciencia y de amplio criterio.
 
El pensamiento debe estar antes de la acción. Sin embargo la mayoría de las personas son dominadas por sus instintos y emociones. Es necesario que el pensamiento guíe el actuar. Si el pensamiento, a su vez, está dominado por el Espíritu, producirá un carácter virtuoso. Por eso la Palabra de Dios aconseja: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Filipenses 4:8) 

Ante nuestros ojos pasan muchas cosas, todo tipo de información, actividades, invitaciones, eventos recreativos, artísticos, etc. Los cristianos debemos saber escoger de entre ellos todo lo que es verdadero. Hay muchos libros de psicología, ciencias, filosofía, autoayuda, etc. que dan todo tipo de explicaciones sobre la conducta humana y consejos para resolver los problemas, algunos acertados, otros no tanto. El cristiano confrontará aquellos con el conocimiento y la sabiduría eterna de la Palabra de Dios, sin dejarse deslumbrar ni desorientar por otros caminos. 

No todo lo que se presenta ante nuestros ojos es conveniente. Un compañero de trabajo le invita a “sacar” ciertos materiales de la empresa, pues “sobran”; además es tan poco “nadie se dará cuenta”. La invitación a robar termina con la frase “la empresa roba mucho más.” Es el diablo que invita a caer en la tentación de no escoger todo lo honesto. 

No podemos llamar recto a lo torcido, ni chueco a lo derecho; lo que es justo, es justo. La delincuencia debe ser juzgada y castigada; lo que se debe, será pagado o devuelto –“No debáis a nadie nada”[1] dice la Escritura-, la mala conducta merece ser sancionada y el buen comportamiento, reconocido y premiado. Así será entre cristianos que reconocen todo lo justo. 

La pureza no se refiere solamente a la sexualidad. Lo puro es libre y exento de toda mezcla de otra cosa. Si somos cristianos “puros” no estamos mezclados con sentimientos y pensamientos de incrédulos. Buscar lo puro es buscar aquello que no se ha contaminado con el mal. Una invitación a probar el azar en un casino, por ejemplo, puede parecer muy inocente, pero revela la poca confianza que tenemos en Dios al buscar la buena suerte, además de estar jugando con las bendiciones económicas que Él nos da. Eso no es escoger todo lo puro. 

Cuando el apóstol dice “todo lo amable”, se refiere a aquello que es digno de ser amado o es deseable. Hay muchas cosas positivas en el mundo, no todo es indeseable; cosas que la cultura nos ofrece, por ejemplo conocimientos, ciencia, arte, tecnología, comodidades, adelantos. No rechazaremos, por ejemplo, las llamadas “redes sociales” porque hay personas que las utilizan para la grosería, el insulto, el descrédito o la pornografía. Nosotros haremos un buen uso de ellas para ayudar al prójimo, expresar afecto o evangelizar.

De buen nombre hay muchas actividades humanas, aunque todo lo humano puede corromperse, incluso la religión. Si hay acciones y cosas que son lícitas, allí debemos estar los cristianos. Es peligroso estar en lugares donde se practica la lujuria y todos los excesos de la carne. No debemos exponernos a lo pernicioso, que puede ser dañino para el alma y perjudicial para los nuestros, salvo que nos haya sido dada por Dios una misión de rescatar almas en ese lugar, para lo cual se requiere la virtud de la templanza. 

Hay cosas que son admirables en nuestro prójimo, formas de ser, obras que realizan, modos de pensar. Son dignos de alabanza y de aplauso. Aquello es bueno imitarlo, si está dentro de nuestras capacidades. Pertenecer a un coro, escribir poemas, pintar un cuadro, salir de excursión, practicar algún deporte, ser voluntario en una obra social, etc. No es preciso que todo lo que hagamos esté relacionado con lo religioso, pues donde vayamos llevamos a Cristo en el corazón y de alguna forma eso se expresará.

En todo esto debemos pensar y no en otras cosas, en: 1) lo verdadero, 2) lo honesto, 3) lo justo, 4) lo puro, 5) lo amable, 6) lo que tiene buen nombre y 7) lo que es digno de alabanza. No vale la pena preocuparnos de filosofías equivocadas, de las deshonestidades que otros hacen, sus injusticias e impurezas, las prácticas indeseables de ellos, etc. Hacerlo sólo nos enferma el alma y hace caer en la murmuración: “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; / ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. …/ Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; / porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.”[2]

Anunciamos de un modo eficaz las virtudes de Cristo cuando tenemos edificada la mente con la Verdad, nuestra conciencia permanece limpia y actuamos con amplio criterio, aceptando todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable y de buen nombre.



[1] Romanos 13:8
[2] Efesios 5:3,4,11,12


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