viernes, 23 de agosto de 2013

CÓMO ANUNCIAR LAS VIRTUDES DE JESUCRISTO (I PARTE)


¿Qué significa anunciar las virtudes de Jesucristo? Las virtudes de Cristo, sea que las entendamos como Sus poderes o sus cualidades, si solo son anunciadas verbalmente no serán efectivamente comunicadas. Requieren que sean evidenciadas en nuestras vidas, sólo así serán efectivas en cuanto a dar a conocer al Cristo Resucitado y verdaderamente anunciadas.

De aquellos pasajes de la Biblia que utilizan el término “virtud” podemos obtener ricas enseñanzas de cómo anunciar de un modo eficaz las virtudes de Cristo. Para anunciar las virtudes de Jesucristo necesitamos:

  1. Tener temor de Dios, ser veraces y honestos.
Jetro, el suegro de Moisés, aconsejó al líder de Israel, para una buena administración de justicia: “…escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez.” (Éxodo 18:21)

Quienes dirigen, enseñan o juzgan, deben ser ejemplo para la comunidad. Los llama “varones de virtud”, cuyas principales cualidades serán el temor de Dios, la veracidad y la honestidad.
 
a)    El temor de Dios es la reverencia y admiración que presenta un cristiano ante el Todopoderoso. Una persona temerosa del Señor respeta Su Palabra, Su voluntad, Su Espíritu, y por ende es cuidadosa en el trato del prójimo, ya que todo ser humano es una criatura amada por el Padre.

Se puede ser líder de grandes grupos y organizaciones, como de unas pocas personas, como lo es el núcleo familiar. Frente a cualquier colectivo que al cristiano le toque actuar, servirá con temor del Señor.

b)    La veracidad es una hermosa virtud. Ser “varones de verdad”, que no dicen mentira ni engañan a su prójimo, que son asertivos sin ofender, que saben comunicar sus ideas y opiniones con respeto y delicadeza, es el correcto proceder de un discípulo de Jesús. La mentira, aparte de ser una falta a los mandamientos de Dios, oscurece y contamina las relaciones humanas. Al que la comete acarrea culpa, más mentiras para cubrirla cuando es descubierto y otros pecados, que agrandan el mal como bola de nieve. El engaño mata las relaciones y crea desconfianza y desunión, es una treta diabólica para destruir al ser humano.

c)    La honestidad es probidad en los asuntos materiales, como las finanzas, la administración de bienes; rectitud en el trato con otros, exentos de engaño; honradez e integridad en el obrar. La persona honesta responde ante sus responsabilidades laborales, familiares, civiles, religiosas y de asociación con otros. La Palabra aconseja “que aborrezcan la avaricia”, ese afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas, y del cual Jesús nos advierte: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”[1]
 

  1. Tener autoridad espiritual y buen testimonio.
Siguiendo el sabio consejo de su suegro “Escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez.” (Éxodo 18:25)

El hecho de ser personas virtuosas nos llevará, sin proponérnoslo, a ocupar lugares de autoridad, puesto que seremos ejemplo para otros y las personas buscan líderes con virtudes. Si hoy día se vive en la sociedad una crisis de las autoridades es porque muchas de ellas carecen de la virtud necesaria para ser un buen ejemplo.

La autoridad espiritual no consiste en levantar la voz, atacar con conocimientos bíblicos, imponerse por la fuerza o ser prepotentes desde un púlpito, sino en ser consecuentes con lo que decimos creer y congruentes entre lo que predicamos y como vivimos. Debe haber una correspondencia lógica entre la conducta y los principios que profesamos. La autoridad espiritual no se basa tanto en el conocimiento como en la actuación; incluso, es más importante para Dios, nuestro comportamiento que la cantidad de conocimientos que tengamos.

La autoridad espiritual está íntimamente ligada al testimonio. Cuando los apóstoles tuvieron que delegar los asuntos más domésticos en un grupo de hermanos, encargaron a la Iglesia reunida: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo."[2] Todo testimonio es prueba, justificación y comprobación de la certeza o verdad de algo.

a)    Todo testimonio es una prueba ante quien nos juzga u observa; los cristianos dan prueba de la realidad de Dios y Jesucristo, de la sabiduría del Evangelio, de la obra de Cristo en la cruz y de la transformación que opera el Espíritu Santo en cada creyente. Las virtudes cristianas son prueba y testimonio de la verdad de nuestro mensaje.

b)    Todo testimonio es también la justificación de por qué actuamos como lo hacemos, perdonando al enemigo, dando gracias a Dios por todo, aceptando cualquier circunstancia, teniendo misericordia del que sufre, actuando con honradez, etc. Este comportamiento se justifica y explica en la fe de Jesús. Por último, todo testimonio es

c)    Todo testimonio es la comprobación de una convicción. La fe cristiana en un Creador amoroso, un Señor y Salvador misericordioso que ha dado Su vida por el pecador, y un Espíritu Santo que nos acompaña, fortalece y santifica, se comprueba en la propia vida, en el testimonio diario vivido por el discípulo de Jesús.



[1] San Lucas 12:15
[2] Hechos 6:3

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